Biografía de Fray Bartolomé de las Casas.
Nació en Sevilla el año 1484. Estudio en Salamanca y recién graduado de abogado, vino a América junto con su padre, llegando el 15 de abril de 1502 a La Española. Venía, como la mayoría, motivado por el espíritu aventurero y el ansia de riqueza. Durante 8 años tomó parte en la guerra contra los indios y los empleó para explotar la tierra. Fue encomendero, pues.
Después de un corto regreso a Europa, como tenía ya los estudios necesarios, se le concedió ser ordenado sacerdote (diocesano), el primero en el Nuevo Mundo (1507). En 1510 llegan los primeros dominicos, liderados por fr. Pedro de Córdoba. Bartolomé hizo algún tiempo de intérprete para su predicación a los indios. Fr. Antonio de Montesinos predica el famoso sermón del 1er. domingo de Adviento, en el que pregunta: "Y éstos no son personas...?", lo cual le impacta tremendamente, aunque no estaba de acuerdo con su doctrina.
Pasó a Cuba como capellán del ejército y recibió nuevos indios y tierras, a los que trató siempre con bondad, pero vio que los demás no eran así, sino que los hombres perecían en las minas, las mujeres eran abusadas, ancianos y niños morían de hambre y familias enteras se suicidaban para escapar a la brutal explotación.
En Pentecostés de 1514 renunció públicamente a sus encomiendas y empezó a predicar contra todo aquel sistema.
Fue con Montesinos a Sevilla en 1516; ambos iban a "amonestar al rey" de que la conquista y la esclavitud estaban acabando con los naturales, por lo que solicitaban reformas profundas. Muerto el rey Fernando, presenta sus memoriales "Abusos"y "Remedios" al Cardenal Cisneros, pidiendo que los indígenas vivan en pueblos con tierras comunes, organizados por un administrador, pagando tributos a la corona. Fue nombrado "Protector de los indios".
En 1517 presenta al nuevo rey Carlos I un proyecto para repoblar el continente con labradores en lugar de soldados. Salió con muchos campesinos hacia Venezuela, pero casi todos le abandonaron para dedicarse a la lucrativa trata de esclavos. Unos indios se levantaron y mataron a algunos frailes y oficiales. Tuvo que renunciar a su plan de colonización pacífica. Su proyecto de "comunidades", años después se transformó en el "corregimiento" o pueblo libre bajo la corona.
Frustrado en sus planes, en 1522 ingresó a la Orden Dominicana en Santo Domingo, capital de La Española. Por seis años estudió ampliamente -en Vega Real- teología, patrística y sagrada escritura, y luego fue nombrado prior en Puerto Plata. Desde allí escribe cartas apasionadas al Consejo de Indias, denunciando la trata mortífera a los naturales. Esto da lugar a una ley en 1530 prohibiendo la esclavitud de los indios. Sus sermones pidiendo buen trato e incluso la libertad de los indios, fueron considerados 'escandalosos' por muchos españoles, así como sus consejos en el confesionario, y se quejaron a las autoridades, por lo cual la Audiencia le prohibió predicar por dos años. Entonces fue juntando material para su vasta "Historia general de las Indias".
Junto con otro fraile fue a visitar en su campamento a Enriquillo, un indio guerrillero, y le convencieron de que abandonase su posición. Así demostró que con amor se podía atraer a cualquiera a la fe cristiana. A raíz de esta experiencia compuso su primer gran tratado: "El único modo de atraer a todas las gentes a la verdadera fe". En él expone que los naturales eran seres racionales y muy capaces. Y que la conquista a fuego y espada era un método equivocado. La conversión debía ser fruto de la prédica y del buen ejemplo, con respeto a los derechos de los nativos, sobre todo su libertad y su propiedad.
En 1531 escribe un largo "Memorial para el Consejo de Indias" y se fue secretamente a España, regresando con una ley favorable a los nativos; luego salió a presentarla en México y después en Perú. Las Casas pide luego que le dejen repetir la experiencia pacificadora en Tezulutlán (tierra de guerra), Guatemala, y con los padres Cáncer y Angulo se internó en la zona, obteniendo su conversión en apenas dos años, en base a exponer en su lengua las verdades de la fe con versos, música y canto; no se derramó ni una gota de sangre. Aquella zona es llamada desde entonces Verapaz.
A fines de 1539 vuelve a España para buscar más misioneros y sigue cabildeando a favor de los indígenas. De modo que en 1542 una Junta Magna en Valladolid publica las famosas Leyes Nuevas de Indias, inspiradas en su pensamiento, que no gustaron a las autoridades del Nuevo Mundo, que hicieron todo lo posible por no cumplirlas y desacreditar a su inspirador. Por este tiempo acabó de escribir su "Brevísima relación de la destrucción de las Indias". Como en todas sus obras, demuestra una gran erudición: manejo de autoridades clásicas, así como un conocimiento detallado -por lo que él vio o por lo que le contaron de primera mano-, que respalda sus afirmaciones (a pesar de lo cual fue tachado de exagerado, porque las cifras y datos son verdaderamente escalofriantes).
Su pensamiento de avanzada llega a afirmar que es preferible que los indígenas anden desnudos y adoren a sus dioses, e incluso tengan sus sacrificios humanos de buena fe, antes que hacerles la guerra cruelmente y despojarles de sus tierras, de sus valores y de su dignidad, lo cual demuestra un pensamiento más atrasado, sustentado en la fuerza bruta. Admira las grandes ciudades, el orden político y social de las sociedades americanas, el carácter agradable y pacífico de las gentes, frente a la brutalidad, el egoísmo y la mentira de los conquistadores. Por eso algunos en España le acusaron de antipatriota, en lugar de percatarse de dónde estaba la verdad.
Fue elegido para obispo de Cusco, en Perú, pero rehusó, diciendo que él sólo obraba por servir a Dios y a Su Majestad y no por buscar mercedes. Poco después fue obligado a que aceptase el nombramiento de obispo de Chiapas, siendo consagrado en 1544 en Sevilla. Llegó con 45 frailes dominicos y un equipo laico de 5 personas, el mayor contingente misionero jamás reunido hasta entonces. Quería hacer una diócesis modelo. Vivía pobremente, vestido con su hábito blanco, comiendo poco para no recargar sobre las gentes, etc. Y tuvo el consuelo de que ya otros frailes, como los franciscanos, aceptaban sus ideas liberadoras. Pero las personas 'importantes' le hacían la vida imposible, cegados por la ambición y la prepotencia, amenazando incluso con matarle, por lo cual renunció en 1547 (residió en Chiapas poco más de seis meses) y regresó a España, para entrevistarse con el príncipe Felipe. En ese intervalo estuvo consagrando obispo, en Gracias a Dios (Honduras) a Mons. Antonio Valdivieso OP, obispo de León (Nicaragua). Estuvo en Granada y en El Realejo, Nicaragua, donde intentó armar una expedición evangelizadora al Perú, que parece no llegó a su fin.
En 1550 tuvo grandes discusiones con el teólogo esclavista Sepúlveda; en esas discusiones siempre contó con la ayuda de sus hermanos dominicos, como Melchor Cano, etc. Siempre estaba escribiendo, retirado en algún convento, escribiendo cartas a numerosos personajes o presentando ponencias en alguna Junta real. Y era frecuentemente consultado en la Corte sobre cuestiones de América.
Murió santamente en 1566, en el convento de Atocha (Madrid), a los 82 años.
Discutido y calumniado por algunos, la posteridad le ha hecho justicia, viendo en él a un insigne evangelizador de los pobres (los indígenas) y a un incansable luchador por la justicia. En sus últimos tiempos lamentó amargamente el que durante un tiempo había aceptado la esclavitud de los negros, para reemplazar a los indígenas en los trabajos pesados, aunque luego se arrepintió y pensó siempre lo contrario: que la dignidad es igual para todos los seres humanos. Creyó, como siempre, que había fracasado, pero, como siempre también, su efecto fue positivamente incalculable.
Es un ejemplo para todos, pues contó con armas poderosas: un vasto conocimiento de América, dominio del derecho y la teología, elocuencia abrumadora, pluma fácil y una fuerza de voluntad incansable. Durante su larga vida "fue sucesivamente sacerdote, fraile, obispo, obispo jubilado y estadista en la Corte. Defendió la causa de los indios ante cuatro soberanos españoles; influyó en las decisiones de tres papas; fue ayudado por oficiales, juristas, caciques nativos. Escribió miles de páginas, compareció ante incontables comisiones, redactó leyes protectoras, cruzó el Atlántico al menos diez veces. En total, Bartolomé de las Casas consumió 'cincuenta años mortales' dirigiendo quizás el mayor esfuerzo para los derechos civiles y la justicia racial en la historia de la humanidad" (Helen Rand Parish).
PITINGO
lunes, 22 de septiembre de 2014
Juan de Valdés Leal 
.Biografía.
El 4 de mayo de 1622 fue bautizado en Sevilla Juan de Valdés Leal, hijo del platero lusitano Fernando de Nisa y de la hispalense Antonia de Valdés Leal, por lo que su nombre, conforme a los usos actuales, sería Juan Nisa de Valdés. Sin embargo, como era costumbre en Sevilla, se hizo famoso usando el apellido materno, como hizo Velázquez.
Sobre su formación artística no se dispone de información; al parecer, fue discípulo de Antonio del Castillo en Córdoba y allí se casó, en 1647, con Isabel, de ilustre familia, al decir de Antonio Palomino. Los encargos pronto empezaron a aparecer y Valdés Leal dispuso de casa propia con taller en la calle de la Feria. La epidemia de peste que sufre Córdoba en 1649 motivará la marcha de Valdés Leal y su familia al año siguiente a Sevilla, donde arrienda una casa en la calle Boticas.
Finis gloriae mundi, 1672.
Su primer encargo en la capital andaluza está documentado en 1652: un ciclo de pinturas para el convento de Santa Clara en Carmona entre las que destaca la Retirada de los sarracenos. En 1654 regresó a Córdoba, donde bautizó a su primera hija, Luisa Rafaela, a la que educó en la pintura. Posiblemente al año siguiente realizaría un breve viaje a Madrid, contratando en 1655 la ejecución del retablo mayor de la iglesia del convento de los Carmelitas Calzados de Córdoba. El traslado de Zurbarán y Herrera el Viejo a Madrid durante esta década de 1650 abriría mayores oportunidades en Sevilla, donde Murillo quedaba como primer pintor. Esta sería la razón por la que Valdés Leal se instaló definitivamente en la capital sevillana en 1656, haciéndose con una no despreciable clientela, aunque contentándose siempre con trabajos de carácter secundario y a inferiores precios que Murillo.
Su segunda hija -Eugenia María- nace en 1657 y al año siguiente Valdés Leal se dirigió al cabildo municipal sevillano para solicitar que se le eximiese de la realización del obligado examen como maestro pintor, aludiendo a su precaria economía, situación que le acompañará a lo largo de su vida. El cabildo le concedió una licencia temporal que le permitió desempeñar su oficio sin ningún impedimento, alcanzando en 1659 el cargo de examinador municipal del gremio de pintores sevillanos. Al año siguiente fundó -junto a Herrera el Mozo y Murillo- la academia de dibujo, ocupándose en primera instancia de recaudar las cuotas de los académicos para sufragar los gastos de la institución. Cuando Murillo abandonó la dirección de la academia será Valdés Leal el encargado de dirigirla. Fue elegido, por esas fechas, mayordomo de la cofradía de San Lucas, del gremio de pintores.
En 1661 nació su tercer hijo, Lucas, futuro heredero de su taller. Entre 1664 y 1667 nacerán otras dos hijas, María de la Concepción, quien se haría monja cisterciense en el convento de San Clemente de Sevilla, donde trabajó también como pintora, y Antonia Alfonsa. En 1667 ingresó en la Hermandad de la Santa Caridad de Sevilla, para cuya iglesia del Hospital pintó entre 1671-72 sus obras más famosas: los dos Jeroglíficos de las Postrimerías, que forman parte del programa iconográfico diseñado por Miguel de Mañara, artífice de la renovación de la Hermandad. Completando el discurso iconográfico, para el que ya Murillo había pintado seis lienzos con las obras de misericordia, se encargó Valdés Leal de las dos pinturas que debían figurar a los pies de la nave: In ictu oculi y Finis gloriae mundi que, como en las pinturas del género vanitas extendido en los Países Bajos, aluden a la banalidad de la vida terrena y a la universalidad de la muerte, pero enlazando aquí con el objeto propio de la Hermandad, que era dar sepultura a los indigentes, y con el Entierro de Cristo de Pedro Roldán, representado en el retablo del altar mayor.
En 1673 pintó una serie de cuadros sobre la vida de San Ambrosio para el oratorio bajo del Palacio Arzobispal de Sevilla por encargo del arzobispo don Ambrosio Spínola. Todos ellos desaparecieron durante la Guerra de la Independencia, cuando el mariscal Soult convirtió el Palacio en su cuartel general, y se dieron por perdidos hasta que reaparecieron en 1960 y 1981 en el mercado del arte; la mayor parte de los cuadros de la serie se conservan actualmente en el Museo del Prado de Madrid. En 1682, a la muerte de Murillo, Valdés Leal quedaba como el más importante pintor en Sevilla, a pesar de sufrir este mismo año un ataque de apoplejía que mermó sus condiciones físicas. Esta última década la dedicará a la realización de importantes ciclos decorativos en diferentes edificios religiosos sevillanos como el Hospital de la Caridad, la iglesia del Monasterio de San Clemente o la iglesia del Hospital de los Venerables, decoración esta última que compartió con su hijo Lucas ya que su salud se iba resintiendo paulatinamente. El 9 de octubre de 1690 Valdés Leal redacta su testamento, falleciendo a los pocos días para ser enterrado el 15 de octubre de 1690 en la iglesia de san Andrés de la capital hispalense.
Obra[editar]
In ictu oculi, 1672.
La obra de Juan de Valdés Leal manifiesta ya desde el principio un estilo absolutamente barroco, marcadamente naturalista y con tendencia al tenebrismo, con dibujo contundente, un colorido fuerte y poco matizado y unos volúmenes monumentales. Posee una particular sensibilidad pictórica inclinada hacia lo dramático, con gran ligereza de toque y un especial interés por la expresividad, que protagoniza sus composiciones en detrimento de la belleza y la corrección formal.
Tenía inclinación por la temática macabra o grotesca, pero con un vivo sentido del movimiento, brillante colorido y dramática iluminación. A pesar de ser contemporáneo de Murillo, su temperamento era completamente opuesto; Valdés Leal, nervioso y violento, se dejaba seducir más por el movimiento desenfrenado y por la expresión, por el sentido de un exagerado dramatismo y un intenso colorido, que por la dulzura y el costumbrismo burgués de aquel.
Faceta importante también en el arte de Valdés Leal es la de grabador, género en el que inició asimismo a sus colaboradores y discípulos, al igual que lo había hecho en la pintura mural y en el que dejó ejemplares de la calidad de su autorretrato (Biblioteca Nacional en Madrid), la custodia de Juan de Arfe de la catedral hispalense, restaurada bajo su dirección, y sobre todo las láminas del libro de Fernando de la Torre Farfán sobre las fiestas celebradas en Sevilla en 1671, con motivo de la canonización de San Fernando.
Con Valdés Leal la escuela sevillana de pintura alcanzó el momento álgido de su barroquismo, dado que su arte, tanto por su sentido expresionista como por la soltura de su paleta, llega a presentir a Goya y a ejercer influencia sobre románticos e impresionistas franceses. La sala VIII del Museo de Bellas Artes de Sevilla está consagrada a Juan de Valdés Leal
.Biografía.
El 4 de mayo de 1622 fue bautizado en Sevilla Juan de Valdés Leal, hijo del platero lusitano Fernando de Nisa y de la hispalense Antonia de Valdés Leal, por lo que su nombre, conforme a los usos actuales, sería Juan Nisa de Valdés. Sin embargo, como era costumbre en Sevilla, se hizo famoso usando el apellido materno, como hizo Velázquez.
Sobre su formación artística no se dispone de información; al parecer, fue discípulo de Antonio del Castillo en Córdoba y allí se casó, en 1647, con Isabel, de ilustre familia, al decir de Antonio Palomino. Los encargos pronto empezaron a aparecer y Valdés Leal dispuso de casa propia con taller en la calle de la Feria. La epidemia de peste que sufre Córdoba en 1649 motivará la marcha de Valdés Leal y su familia al año siguiente a Sevilla, donde arrienda una casa en la calle Boticas.
Finis gloriae mundi, 1672.
Su primer encargo en la capital andaluza está documentado en 1652: un ciclo de pinturas para el convento de Santa Clara en Carmona entre las que destaca la Retirada de los sarracenos. En 1654 regresó a Córdoba, donde bautizó a su primera hija, Luisa Rafaela, a la que educó en la pintura. Posiblemente al año siguiente realizaría un breve viaje a Madrid, contratando en 1655 la ejecución del retablo mayor de la iglesia del convento de los Carmelitas Calzados de Córdoba. El traslado de Zurbarán y Herrera el Viejo a Madrid durante esta década de 1650 abriría mayores oportunidades en Sevilla, donde Murillo quedaba como primer pintor. Esta sería la razón por la que Valdés Leal se instaló definitivamente en la capital sevillana en 1656, haciéndose con una no despreciable clientela, aunque contentándose siempre con trabajos de carácter secundario y a inferiores precios que Murillo.
Su segunda hija -Eugenia María- nace en 1657 y al año siguiente Valdés Leal se dirigió al cabildo municipal sevillano para solicitar que se le eximiese de la realización del obligado examen como maestro pintor, aludiendo a su precaria economía, situación que le acompañará a lo largo de su vida. El cabildo le concedió una licencia temporal que le permitió desempeñar su oficio sin ningún impedimento, alcanzando en 1659 el cargo de examinador municipal del gremio de pintores sevillanos. Al año siguiente fundó -junto a Herrera el Mozo y Murillo- la academia de dibujo, ocupándose en primera instancia de recaudar las cuotas de los académicos para sufragar los gastos de la institución. Cuando Murillo abandonó la dirección de la academia será Valdés Leal el encargado de dirigirla. Fue elegido, por esas fechas, mayordomo de la cofradía de San Lucas, del gremio de pintores.
En 1661 nació su tercer hijo, Lucas, futuro heredero de su taller. Entre 1664 y 1667 nacerán otras dos hijas, María de la Concepción, quien se haría monja cisterciense en el convento de San Clemente de Sevilla, donde trabajó también como pintora, y Antonia Alfonsa. En 1667 ingresó en la Hermandad de la Santa Caridad de Sevilla, para cuya iglesia del Hospital pintó entre 1671-72 sus obras más famosas: los dos Jeroglíficos de las Postrimerías, que forman parte del programa iconográfico diseñado por Miguel de Mañara, artífice de la renovación de la Hermandad. Completando el discurso iconográfico, para el que ya Murillo había pintado seis lienzos con las obras de misericordia, se encargó Valdés Leal de las dos pinturas que debían figurar a los pies de la nave: In ictu oculi y Finis gloriae mundi que, como en las pinturas del género vanitas extendido en los Países Bajos, aluden a la banalidad de la vida terrena y a la universalidad de la muerte, pero enlazando aquí con el objeto propio de la Hermandad, que era dar sepultura a los indigentes, y con el Entierro de Cristo de Pedro Roldán, representado en el retablo del altar mayor.
En 1673 pintó una serie de cuadros sobre la vida de San Ambrosio para el oratorio bajo del Palacio Arzobispal de Sevilla por encargo del arzobispo don Ambrosio Spínola. Todos ellos desaparecieron durante la Guerra de la Independencia, cuando el mariscal Soult convirtió el Palacio en su cuartel general, y se dieron por perdidos hasta que reaparecieron en 1960 y 1981 en el mercado del arte; la mayor parte de los cuadros de la serie se conservan actualmente en el Museo del Prado de Madrid. En 1682, a la muerte de Murillo, Valdés Leal quedaba como el más importante pintor en Sevilla, a pesar de sufrir este mismo año un ataque de apoplejía que mermó sus condiciones físicas. Esta última década la dedicará a la realización de importantes ciclos decorativos en diferentes edificios religiosos sevillanos como el Hospital de la Caridad, la iglesia del Monasterio de San Clemente o la iglesia del Hospital de los Venerables, decoración esta última que compartió con su hijo Lucas ya que su salud se iba resintiendo paulatinamente. El 9 de octubre de 1690 Valdés Leal redacta su testamento, falleciendo a los pocos días para ser enterrado el 15 de octubre de 1690 en la iglesia de san Andrés de la capital hispalense.
Obra[editar]
In ictu oculi, 1672.
La obra de Juan de Valdés Leal manifiesta ya desde el principio un estilo absolutamente barroco, marcadamente naturalista y con tendencia al tenebrismo, con dibujo contundente, un colorido fuerte y poco matizado y unos volúmenes monumentales. Posee una particular sensibilidad pictórica inclinada hacia lo dramático, con gran ligereza de toque y un especial interés por la expresividad, que protagoniza sus composiciones en detrimento de la belleza y la corrección formal.
Tenía inclinación por la temática macabra o grotesca, pero con un vivo sentido del movimiento, brillante colorido y dramática iluminación. A pesar de ser contemporáneo de Murillo, su temperamento era completamente opuesto; Valdés Leal, nervioso y violento, se dejaba seducir más por el movimiento desenfrenado y por la expresión, por el sentido de un exagerado dramatismo y un intenso colorido, que por la dulzura y el costumbrismo burgués de aquel.
Faceta importante también en el arte de Valdés Leal es la de grabador, género en el que inició asimismo a sus colaboradores y discípulos, al igual que lo había hecho en la pintura mural y en el que dejó ejemplares de la calidad de su autorretrato (Biblioteca Nacional en Madrid), la custodia de Juan de Arfe de la catedral hispalense, restaurada bajo su dirección, y sobre todo las láminas del libro de Fernando de la Torre Farfán sobre las fiestas celebradas en Sevilla en 1671, con motivo de la canonización de San Fernando.
Con Valdés Leal la escuela sevillana de pintura alcanzó el momento álgido de su barroquismo, dado que su arte, tanto por su sentido expresionista como por la soltura de su paleta, llega a presentir a Goya y a ejercer influencia sobre románticos e impresionistas franceses. La sala VIII del Museo de Bellas Artes de Sevilla está consagrada a Juan de Valdés Leal
Hermanos Álvarez Quintero
Biografía.
Serafín y Joaquín Álvarez Quintero
Serafín Álvarez Quintero (Utrera, Sevilla, 26 de marzo de 1871 – Madrid, 12 de abril de 1938) y su hermano Joaquín (Utrera, 20 de enero de 1873 – Madrid, 14 de junio de 1944) fueron unos comediógrafos españoles conocidos popularmente como los Hermanos Álvarez Quintero.
Índice
[ocultar] 1 Biografía
2 Obra
3 Bibliografía
4 Véase también
5 Enlaces externos
Biografía.
Nacidos en Utrera en 1871 y 1873, se instalaron en Sevilla, donde vivieron bastante tiempo como empleados de Hacienda, mientras colaboraban en diversas publicaciones como El Diablo Cojuelo, e iniciaron paulatinamente su dedicación exclusiva al teatro. Su debut como autores tuvo lugar en 1888 con Esgrima y amor en el Teatro Cervantes de Sevilla. El éxito de la comedia les impulsa a viajar a Madrid, donde, a partir de 1889, estrenan varios sainetes líricos y juguetes cómicos con buen éxito lo que consolida su carrera, entre ellos: Gilito (1889), Blancas y negras (1892), La media naranja (1894), La buena sombra (1895), La reja (1897), El traje de luces (1898), El patio (1900). Ambos hermanos colaboraron en todas sus obras dramáticas y fueron miembros de la Real Academia de la Lengua Española.
Su primer éxito resonante lo obtuvieron en 1897 con El ojito derecho. A este éxito sucedieron muchos otros más, siendo especialmente recordados Las flores (1901), El genio alegre (1906), Malvaloca (1912), Puebla de las mujeres (1912), Las de Caín (1908) y mucho después Mariquilla Terremoto (1930). Fueron nombrados hijos predilectos de Utrera y Sevilla y adoptivos de Málaga y Zaragoza. Sus obras fueron traducidas a todos los idiomas;[cita requerida] se representaron en las más apartadas latitudes como en Buenos Aires, teatro Colón, por la compañía Guerrero-Mendoza que llevaba varias de sus obras cuando construyó aquel teatro y sus autores gozaron de innumerables homenajes, entre ellos uno muy conocido en los años veinte en Madrid en que colaboró todo el mundillo escénico.
Los restos de ambos se encuentran en el cementerio de San Justo de Madrid.
Obra.
Retrato de Serafín Álvarez Quintero en la Glorieta Hermanos Álvarez Quintero, del Parque de María Luisa de Sevilla.
Aunque no escribieron únicamente comedias (Fortunato, Nena Teruel, Mundo mundillo..., Los leales, Dios dirá, La calumniada, Don Juan, buena persona, Tambor y cascabel, La boda de Quinita Flores, Pasionera, Concha la Limpia, Los mosquitos, Las de Abel, Diana la cazadora, Sábado sin sol, La flor de la vida, Así se escribe la Historia, Amores y amoríos, El centenario, Doña Clarines, Febrerillo, el loco, La casa de García, La rima eterna, Cabrita que tira al monte, Los duendes de Sevilla, Ventolera, 1944 etc.), sainetes (Mañana de sol, 1905), libretos de zarzuela (La reina mora, 1903) y piezas cómicas, sino también dramas (Malvaloca, 1912; Cancionera, 1924), fue en esos géneros en los que fundamentalmente se les recuerda a causa de su gran talento cómico. En total escribieron cerca de doscientos títulos, algunos de ellos premiados, como por ejemplo Los Galeotes, que recibió el premio de la Real Academia a la mejor comedia del año. Su última obra conjunta es La Giralda, zarzuela de José Padilla.
Serafín y Joaquín Álvarez Quintero; retrato al óleo de Emilio Sala
Muchas de sus piezas son de naturaleza costumbrista, describiendo el modo de ser de sus nativas tierras andaluzas, pero dejando al margen la visión sombría y miserable de las lacras sociales; su Andalucía es la de la luz y la del colorido; su ideología es tradicionalista. Según Francisco Ruiz Ramón en Historia del Teatro Español Siglo XX, Cátedra, 1995, "los supuestos básicos de este teatro son los de un realismo naturalista ingenuo". El lenguaje de sus piezas es un castellano depurado y elegante pasado por el tamiz fónico del dialecto andaluz; sus chistes son finos y de buen gusto, sin llegar nunca a la chabacanería; con ello estilizaron e idealizaron el género chico; abunda la gracia y la sal y hay una genuina vis cómica. Son maestros en el diálogo, que es siempre vivaz y gracioso. Es por ello por lo que en los años treinta su arte se aprovecha en el cine, creando varios guiones para las películas de la mítica Estrellita Castro. Dramáticamente no aportan ninguna novedad sustancial técnica ni estructuralmente, pero depuraron el andalucismo de la misma forma que hizo Carlos Arniches con el madrileñismo. Sin embargo, nunca pasaron más allá en su crítica social, que se detiene en el telurismo y en lo melodramático; se trata en suma de comedias burguesas que ofrecen una visión idealizada y amable de Andalucía que no inquiete al espectador medio; la alegría de vivir acalla cualquier atisbo de conflicto dramático. Es esta alegría de vivir la que salvó el teatro de los hermanos Quintero de implacables críticos como Ramón Pérez de Ayala, Azorín o Luis Cernuda.
Sus Obras completas se editaron en Madrid: Fernando Fe y Espasa-Calpe, 1918-1947, en cuarenta y dos volúmenes.
Biografía.
Serafín y Joaquín Álvarez Quintero
Serafín Álvarez Quintero (Utrera, Sevilla, 26 de marzo de 1871 – Madrid, 12 de abril de 1938) y su hermano Joaquín (Utrera, 20 de enero de 1873 – Madrid, 14 de junio de 1944) fueron unos comediógrafos españoles conocidos popularmente como los Hermanos Álvarez Quintero.
Índice
[ocultar] 1 Biografía
2 Obra
3 Bibliografía
4 Véase también
5 Enlaces externos
Biografía.
Nacidos en Utrera en 1871 y 1873, se instalaron en Sevilla, donde vivieron bastante tiempo como empleados de Hacienda, mientras colaboraban en diversas publicaciones como El Diablo Cojuelo, e iniciaron paulatinamente su dedicación exclusiva al teatro. Su debut como autores tuvo lugar en 1888 con Esgrima y amor en el Teatro Cervantes de Sevilla. El éxito de la comedia les impulsa a viajar a Madrid, donde, a partir de 1889, estrenan varios sainetes líricos y juguetes cómicos con buen éxito lo que consolida su carrera, entre ellos: Gilito (1889), Blancas y negras (1892), La media naranja (1894), La buena sombra (1895), La reja (1897), El traje de luces (1898), El patio (1900). Ambos hermanos colaboraron en todas sus obras dramáticas y fueron miembros de la Real Academia de la Lengua Española.
Su primer éxito resonante lo obtuvieron en 1897 con El ojito derecho. A este éxito sucedieron muchos otros más, siendo especialmente recordados Las flores (1901), El genio alegre (1906), Malvaloca (1912), Puebla de las mujeres (1912), Las de Caín (1908) y mucho después Mariquilla Terremoto (1930). Fueron nombrados hijos predilectos de Utrera y Sevilla y adoptivos de Málaga y Zaragoza. Sus obras fueron traducidas a todos los idiomas;[cita requerida] se representaron en las más apartadas latitudes como en Buenos Aires, teatro Colón, por la compañía Guerrero-Mendoza que llevaba varias de sus obras cuando construyó aquel teatro y sus autores gozaron de innumerables homenajes, entre ellos uno muy conocido en los años veinte en Madrid en que colaboró todo el mundillo escénico.
Los restos de ambos se encuentran en el cementerio de San Justo de Madrid.
Obra.
Retrato de Serafín Álvarez Quintero en la Glorieta Hermanos Álvarez Quintero, del Parque de María Luisa de Sevilla.
Aunque no escribieron únicamente comedias (Fortunato, Nena Teruel, Mundo mundillo..., Los leales, Dios dirá, La calumniada, Don Juan, buena persona, Tambor y cascabel, La boda de Quinita Flores, Pasionera, Concha la Limpia, Los mosquitos, Las de Abel, Diana la cazadora, Sábado sin sol, La flor de la vida, Así se escribe la Historia, Amores y amoríos, El centenario, Doña Clarines, Febrerillo, el loco, La casa de García, La rima eterna, Cabrita que tira al monte, Los duendes de Sevilla, Ventolera, 1944 etc.), sainetes (Mañana de sol, 1905), libretos de zarzuela (La reina mora, 1903) y piezas cómicas, sino también dramas (Malvaloca, 1912; Cancionera, 1924), fue en esos géneros en los que fundamentalmente se les recuerda a causa de su gran talento cómico. En total escribieron cerca de doscientos títulos, algunos de ellos premiados, como por ejemplo Los Galeotes, que recibió el premio de la Real Academia a la mejor comedia del año. Su última obra conjunta es La Giralda, zarzuela de José Padilla.
Serafín y Joaquín Álvarez Quintero; retrato al óleo de Emilio Sala
Muchas de sus piezas son de naturaleza costumbrista, describiendo el modo de ser de sus nativas tierras andaluzas, pero dejando al margen la visión sombría y miserable de las lacras sociales; su Andalucía es la de la luz y la del colorido; su ideología es tradicionalista. Según Francisco Ruiz Ramón en Historia del Teatro Español Siglo XX, Cátedra, 1995, "los supuestos básicos de este teatro son los de un realismo naturalista ingenuo". El lenguaje de sus piezas es un castellano depurado y elegante pasado por el tamiz fónico del dialecto andaluz; sus chistes son finos y de buen gusto, sin llegar nunca a la chabacanería; con ello estilizaron e idealizaron el género chico; abunda la gracia y la sal y hay una genuina vis cómica. Son maestros en el diálogo, que es siempre vivaz y gracioso. Es por ello por lo que en los años treinta su arte se aprovecha en el cine, creando varios guiones para las películas de la mítica Estrellita Castro. Dramáticamente no aportan ninguna novedad sustancial técnica ni estructuralmente, pero depuraron el andalucismo de la misma forma que hizo Carlos Arniches con el madrileñismo. Sin embargo, nunca pasaron más allá en su crítica social, que se detiene en el telurismo y en lo melodramático; se trata en suma de comedias burguesas que ofrecen una visión idealizada y amable de Andalucía que no inquiete al espectador medio; la alegría de vivir acalla cualquier atisbo de conflicto dramático. Es esta alegría de vivir la que salvó el teatro de los hermanos Quintero de implacables críticos como Ramón Pérez de Ayala, Azorín o Luis Cernuda.
Sus Obras completas se editaron en Madrid: Fernando Fe y Espasa-Calpe, 1918-1947, en cuarenta y dos volúmenes.
BIBIOGRAFIA.
El rincón de la alberca en uno de los patios del Palacio de las Dueñas, en una de cuyas viviendas nació, en 1875, Antonio Machado.
Antonio Machado nació a las cuatro y media de la madrugada del 26 de julio de 1875 (festividad de Santa Ana y por tanto onomástica de la parturienta), en una de las viviendas de alquiler del llamado palacio de las Dueñas, en Sevilla. Nota 1 Fue el segundo varón que dio a luz su madre, Ana Ruiz, de una descendencia de ocho en total. Nota 2 Once meses antes había nacido Manuel, el primogénito, compañero de muchos pasajes de la vida de Antonio, y con el tiempo también poeta y dramaturgo.
La familia de la madre de Machado tenía una confitería en la calle de Triana, y el padre, Antonio Machado Álvarez, era abogado, periodista e investigador del folklore, trabajo por el que llegaría a ser reconocido internacionalmente con el seudónimo de «Demófilo». En otra vivienda del mismo palacio son vecinos sus abuelos paternos: el médico y naturalista Antonio Machado Núñez, catedrático de la Universidad de Sevilla y convencido institucioncita, y su esposa, Ciprina Álvarez Durán, de cuya afición a la pintura quedó como ejemplo un retrato de Antonio Machado a la edad de cuatro años.
La infancia sevillana de Antonio Machado fue evocada en muchos de sus poemas casi fotográficamente. El piso de los Machado daba a un patio ajardinado con un fuente en medio y a su lado un limonero...
"Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla y un huerto claro donde madura el limonero..."
Y de nuevo, en un soneto evocando a su padre escribe:
"...Esta luz de Sevilla... Es el palacio donde nací, con su rumor de fuente. Mi padre, en su despacho. La alta frente, la breve mosca, y el bigote lacio."
En 1883, el abuelo Antonio, con 68 años y el apoyo de Giner de los Ríos y otros colegas krausistas, gana una oposición a la cátedra de Zoografía de Articulaciones Vivientes y Fósiles en la Universidad Central de Madrid. La familia acuerda trasladarse a la capital española donde los niños Machado tendrán acceso a los métodos pedagógicos de la Institución Libre de Enseñanza. José Luis Cano, en su biografía de Machado, cuenta que una mañana de primavera, antes de salir para Madrid, "Demófilo" llevó a sus hijos a Huelva a conocer del mar.
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Estudiante en Madrid.
El 8 de septiembre de 1883, el tren en el que viajaba la familia Machado hizo su entrada en la estación de Atocha.
"Desde los ocho a los treinta y dos años he vivido en Madrid con excepción del año 1899 y del 1902 que los pasé en París. Me eduqué en la Institución Libre de Enseñanza y conservo gran amor a mis maestros: Giner de los Ríos, el imponderable Cossío, Caso, Cela, Sama (ya muerto), Rubio, Costa (D. Joaquín —a quien no volví a ver desde mis nueve años—). Pasé por el Instituto y la Universidad, pero de estos centros no conservo más huella que una gran aversión a todo lo académico."
Antonio Machado Autobiografía
Diez días después, Manuel (nueve años), Antonio (ocho) y José (cuatro), ingresan en el local provisional de la Institución Libre de Enseñanza. A lo largo de los próximos años, sus profesores serán el propio Giner de los Ríos, Manuel Bartolomé Cossío, Joaquín Costa, José de Caso, Aniceto Cela, Joaquín Sama, Ricardo Rubio, y otros maestros menos conocidos como José Ontañón, Rafael Torres Campos o Germán Flórez. Entre sus compañeros estaban: Julián Besteiro, Juan Uña, José Manuel Pedregal, Pedro Jiménez-Landi, Antonio Vinent o los hermanos Eduardo y Tomás García del Real.
La Institución, en coherente armonía con el ambiente familiar de los Machado marcarían su ideario intelectual. Con la ILE, descubrió Machado el Guadarrama. En su elegía al maestro Giner, de 1915, Machado concluye:
"Allí el maestro un día soñaba un nuevo florecer de España."
El 16 de mayo de 1889, Machado (al que apenas faltan tres meses para cumplir 14 años) aprueba el examen de ingreso en el instituto San Isidro. Con dos suspensos en Latín y Castellano, el futuro poeta fue trasladado al Instituto Cardenal Cisneros en el curso 1889-1890, donde vuelve a suspender esas asignaturas (que solo aprobaría un año después).
Entretanto, la economía en casa de los Machado, que llevaba años siendo muy apretada, alcanzó un nivel crítico. Ana Ruiz acababa de tener su noveno y último parto, una niña nacida el 3 de octubre de 1890 que moriría años después. Su marido, un "Demófilo" agotado, desilusionado, cuarentón y con siete hijos, decidió aceptar el puesto de abogado que le ofrecían unos amigos en San Juan de Puerto Rico.
Conseguido el permiso del Ministerio de Ultramar, Antonio Machado Álvarez se embarcó rumbo al Nuevo Continente en agosto de 1892. No consiguió fortuna sino el infortunio de una tuberculosis fulminante que acabó con su vida, sin llegar a cumplir los cuarenta y siete años. Murió en Sevilla, el 4 de febrero de 1893.
Bohemia madrileña.
En 1895, Antonio Machado aún no había acabado el bachiller. Al año siguiente, dos días antes de su 21 cumpleaños, murió su abuelo, el luchador krausista, íntimo amigo de Giner y eminente zoólogo Antonio Machado Núñez. A la pérdida familiar se unió el descalabro económico de una familia de la que Juan Ramón Jiménez dejaría este cruel retrato en su libro El modernismo. Notas de un curso: "...Abuela queda viuda y regala casa. Madre inútil. Todos viven pequeña renta abuela. Casa desmantelada. Familia empeña muebles. No trabajan ya hombres. Casa de la picaresca. Venta de libros viejos".
Ociosos, los jóvenes hermanos Machado, entonces inseparables, se entregaron a la atractiva vida bohemia del Madrid de finales del siglo XIX. Cafés de artistas, "tablaos" flamencos, tertulias literarias, el frontón y los toros, todo les interesa. Les deslumbra la rebeldía esperpéntica de un Valle-Inclán y un Sawa o la personalidad de actores como Antonio Vico y Ricardo Calvo Agostí; en lo literario hacen amistad con un Zayas o un Villaespesa, y, en general, se dejan estimular por la vida pública de la mayoría de los intelectuales de la época.
En octubre de 1896, Antonio, apasionado del teatro, entró a formar parte como meritorio en la compañía teatral de María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza. El propio poeta recordará con humor su carrera como actor: "...yo era uno de los que sujetaban a Manelic, en el final del segundo acto". La bohemia oscura y luminosa del Madrid del final del siglo XIX se alternaba con la colaboración de ambos hermanos en la redacción de un Diccionario de ideas afines, dirigido por el ex-ministro republicano Eduardo Benot. Era inevitable que los jóvenes Machado sintiesen la atracción de París.
París-Madrid.
En junio de 1899, Antonio Machado viajó a París, donde ya le esperaba su hermano Manuel. En la capital francesa trabajaron para la Editorial Garnier, se relacionaron con Enrique Gómez Carrillo y Pío Baroja, descubrieron a Paul Verlaine y tuvieron oportunidad de conocer a Oscar Wilde y Jean Moreas.Antonio regresó a Madrid en octubre de ese mismo año, incrementando su trato con el "estado mayor" del modernismo, un activo Francisco Villaespesa, un itinerante Rubén Darío y un joven de Moguer, Juan Ramón Jiménez.
En abril de 1902, Antonio y Manuel hacen su segundo viaje a París. Allí se reencuentran con otro hermano, Joaquín (El viajero), que regresa de su experiencia americana "enfermo, solitario y pobre", y Antonio se vuelve con él a España el 1 de agosto. A finales de ese año, de vuelta en Madrid, el poeta entregó a la imprenta de A. Álvarez Soledades (1899-1902), su primer libro.
Entre 1903 y 1908, el poeta colaboró en diversas revistas literarias, Helios (que publicaba Juan Ramón Jiménez), Blanco y Negro, Alma Española, Renacimiento latino, La República de las Letras... También firmó el manifiesto de protesta a raíz de la concesión del premio Nobel de Literatura a José Echegaray. En 1906, por consejo de Giner, preparó oposiciones a profesor de francés en Institutos de Segunda Enseñanza, que obtuvo al año siguiente.
En 1907 publicó en Madrid, con el librero y editor Gregorio Pueyo, su segundo libro de poemas, Soledades. Galerías. Otros poemas (una versión ampliada de Soledades). El poeta tomó posesión de su plaza en el instituto de la capital soriana el 1 de mayo y se incorporó a ella en septiembre. Diferentes versiones han especulado sobre las razones que Machado pudo tener para escoger Soria, en aquel tiempo la capital de provincia más pequeña de España, con poco más de siete mil habitantes. Quizá le pareció la plaza más cercana a Madrid a la que su escaso currículo le permitió acceder (de las tres vacantes, Soria, Baeza y Mahón, que quedaban libres de la lista total de siete). Ángel Lázaro dejó escrito lo que el propio poeta contestaba, cuando los amigos le preguntaban sobre su decisión: "Yo tenía un recuerdo muy bello de Andalucía, donde pasé feliz mis años de infancia. Los hermanos Quintero estrenaron entonces en Madrid El genio alegre, y alguien me dijo: «Vaya usted a verla. En esa comedia está toda Andalucía.» Y fui a verla, y pensé: «Si es esto de verdad Andalucía, prefiero Soria.» Y a Soria me fuí".
En Soria.
El Machado del París simbolista y el Madrid bohemio reflejado en sus Soledades y galerías dio paso en la descarnada realidad soriana a un hombre diferente: "...cinco años en Soria —escribiría luego en 1917— orientaron mis ojos y mi corazón hacia lo esencial castellano...—y añade— Ya era, además, muy otra mi ideología." En lo literario, así quedó reflejado en su siguiente libro, Campos de Castilla; en lo profesional, inició su vida de maestro de pueblo; en lo sentimental, descubrió a Leonor, el gran amor de su vida.
Leonor.
Artículo principal: Leonor Izquierdo
En diciembre de 1907, al cerrarse la pensión en la que vivía Machado, los huéspedes se trasladaron a un nuevo establecimiento sito en la entonces llamada plaza de Teatinos. En la nueva pensión, regida por Isabel Cuevas y su marido Ceferino Izquierdo, sargento de la Guardia Civil jubilado, quiso el destino que el poeta conociera a Leonor Izquierdo, la hija mayor, y aún apenas una niña de 13 años. El embeleso de Machado fue tan intenso que por primera vez quizá en su vida se mostró impaciente, y cuando tuvo la certeza de que su amor era correspondido acordó el compromiso con la madre de Leonor. Había pasado poco más de un año, y los novios aún tuvieron que esperar otro hasta que ella alcanzase la edad legal para casarse. Y así, el 30 de julio de 1909 se celebró la ceremonia en la Iglesia de Santa María la Mayor (Soria). Hace un mes que Leonor ha cumplido los 15 y el poeta ya tiene 34. Y contra todo pronóstico, el matrimonio fue modelo de entendimiento y felicidad, hasta tal punto que la novia niña se apasionó por el trabajo del poeta con toda la ilusión de su juventud. Así lo han referido todos los testigos de este episodio de la vida de Antonio Machado.
En Soria, el espíritu de la Institución Libre de Enseñanza, siempre vivo en el poeta, le llevó a emprender una serie de excursiones por la Sierra de Urbión y sus pinares, hasta las fuentes del río Duero y la Laguna Negra, escenario trágico de La tierra de Alvar González, el más largo poema de Machado. De Soria también fue su amistad con José María Palacio, redactor de Tierra soriana, el periódico local, y uno de los pocos con los que compartió inquietudes e ideologías en el rudo páramo castellano.
En diciembre de 1910, Leonor y Antonio viajaron a París, con una beca concedida al poeta por la Junta para la Ampliación de Estudios para perfeccionar sus conocimientos de francés durante un año. Durante los seis primeros meses, la pareja viajó, visitó los museos e intimaron con Rubén Darío y Francisca Sánchez, su compañera. Machado aprovechó para asistir al curso que Henri Bergson impartía en el Colegio de Francia.
El 14 de julio, cuando el matrimonio va a partir hacia la Bretaña francesa de vacaciones, Leonor sufre una hemoptisis y tiene que ser ingresada. Los médicos, impotentes en aquella época contra la tuberculosis, recomendaron el regreso al aire sano de Soria. Una engañosa mejoría dio paso a un fulminante final. La niña Leonor murió el 1 de agosto de 1912. Su última alegría fue tener en sus manos, publicado al fin, el libro que ella había visto crecer ilusionada día a día: la primera edición de Campos de Castilla.
En Baeza.
Machado, desesperado, solicitó su traslado a Madrid, pero el único destino vacante era Baeza, donde durante los siete próximos años penó más que vivió, dedicado a la enseñanza como profesor de Gramática Francesa en el Instituto de Bachillerato instalado en la Antigua Universidad baezana.
"Esta Baeza, que llaman la Salamanca andaluza, tiene un Instituto, un Seminario, una Escuela de Artes, varios colegios de Segunda Enseñanza, y apenas sabe leer un treinta por ciento de la población. No hay más que una librería donde se venden tarjetas postales, devocionarios y periódicos clericales y pornográficos. Es la comarca más rica de Jaén, y la ciudad está poblada de mendigos y de señoritos arruinados en la ruleta".
Antonio Machado (de una carta a Unamuno en 1913)
El poeta no está dispuesto a contemporizar y su mirada se radicaliza; tan solo le sacan de su indignación y su aburrimiento las excursiones que hace a pie y solitario, por los cerros que le separan de Úbeda, o con los escasos amigos que le visitan, por las sierras de Cazorla y de Segura, en las fuentes del Guadalquivir. También tuvo oportunidad de acercarse con más atención a las voces y ritmos del tesoro popular (no en vano llevaba en su herencia la pasión de su padre por el folklore, que a su vez lo había heredado de la abuela de Machado, Cipriana Álvarez Durán). Fruto en gran parte de esa mirada será su siguiente libro Nuevas canciones.
Escapar del "poblachón manchego" no fue fácil; para conseguirlo, Machado se vio obligado a estudiar por libre, entre 1915 y 1918, la carrera de Filosofía y Letras. Con ese nuevo título en su menguado currículo, solicitó el traslado al Instituto de Segovia, que en esta ocasión sí se le concedió. Machado abandonó Baeza en el otoño de 1919.
Poco antes, el 8 de junio de 1916, Machado había conocido a un joven poeta con el que desde entonces mantuvo amistad, se llamaba Federico García Lorca.
Segovia-Madrid.
Machado llegó a Segovia el 26 de noviembre de 1919 y acabó instalándose por el modestísimo precio de 3,50 pesetas al día en una aún más modesta pensión.30 Era el mes de noviembre de 1919 y el poeta llegó a tiempo para participar en la fundación de la Universidad Popular Segoviana junto con otros personajes como el marqués de Lozoya, Blas Zambrano, Ignacio Carral, Mariano Quintanilla, Alfredo Marqueríe o el arquitecto Javier Dodero, que se encargó de restaurar y adaptar para la nueva institución el viejo templo románico de San Quirce, tenía como objetivo la instrucción gratuita del pueblo segoviano.
Machado, que ahora contaba con la ventaja de la cercanía de Madrid, visitaba cada fin de semana la capital participando de nuevo en la vida cultural del país con tanta dedicación que a menudo "perdió el tren de regreso a Segovia muchos lunes, y bastantes martes". Este nuevo estatus de perfil bohemio le permitiría recuperar la actividad teatral junto a su hermano Manuel.
En Segovia, por su parte, fue asiduo de la tertulia que —entre 1921-1927— se reunía cada tarde en el alfar del ceramista Fernando Arranz, instalado en las ruinas de una iglesia románica, en la que participaban también amigos como Blas Zambrano (catedrático de la Escuela Normal y padre de María Zambrano), Manuel Cardenal Iracheta, el escultor Emiliano Barral y algunos otros tipos pintorescos (como Carranza, cadete de la academia de Artillería, o el padre Villalba, que puso música a un texto de Machado). También colaboró en la recién nacida revista literaria "Manantial" y frecuentó el ambiente del Café Castilla, en la plaza mayor de Segovia.
En 1927, Antonio Machado fue elegido miembro de la Real Academia Española, si bien nunca llegó a tomar posesión de su sillón. En una carta a Unamuno, el poeta le comenta la noticia con sana ironía: "Es un honor al cual no aspiré nunca; casi me atreveré a decir que aspiré a no tenerlo nunca. Pero Dios da pañuelo a quien no tiene narices...".
Guiomar.
Artículo principal: Pilar de Valderrama
En junio de 1928, Pilar de Valderrama viajó sola a Segovia y, con el pretexto de salir de una depresión con una cura de descanso y soledad, se hospedó en el mejor hotel de la ciudad. Sin embargo, y como delataría la carta de presentación para Antonio Machado que a través de una amiga había conseguido del actor Ricardo Calvo, el objetivo real del viaje era iniciar una casta amistad profesional con el poeta (que si llegó a ser realmente casta, los acontecimientos de su desenlace demostrarían que no fue del todo honesta).
Pilar pertenecía a la alta burguesía madrileña; casada y madre de tres hijos, era autora de algunos libros de poemas. Durante casi nueve años hizo las funciones de musa y "oscuro objeto del deseo" de un rejuvenecido Machado que inmortalizó aquel espejismo poético con el nombre de Guiomar. Desde la publicación en 1950 del libro De Antonio Machado a su grande y secreto amor, escrito por Concha Espina y haciendo pública una colección de cartas entre Machado y una misteriosa pero real Guiomar, varios y variopintos han sido los estudios dedicados al fenómeno Guiomar. Todo parece indicar que Pilar de Valderrama nunca estuvo enamorada de Machado (aunque como buena cortesana fue diestra en el arte de "marear la perdiz"), como parece deducirse de lo escrito en su libro de memorias Sí, soy Guiomar, libro escrito en su vejez y publicado «post mortem», para insistir en el carácter platónico de su relación con el poeta, pero sin explicar por qué de ser así se mantuvo en secreto con tanto celo. Tampoco explicó la inspiradora de Guiomar por qué quemó la mayoría de las cartas que recibió de Machado, cuando —quizá advertida por sus contactos entre la clase acomodada— abandonó Madrid, rumbo a Estoril, en junio de 1936, un mes antes del alzamiento nacional.
14 de abril en Segovia.
El último gran acontecimiento de los años segovianos de Machado ocurrió el 14 de abril de 1931, fecha de la proclamación de la Segunda República Española. El poeta, que vive la noticia en Segovia fue requerido para ser uno de los encargados de izar la bandera tricolor en el balcón del Ayuntamiento. Un momento emotivo que Machado recordaría con estas palabras:
"¡Aquellas horas, Dios mío, tejidas todas ellas con el más puro lino de la esperanza, cuando unos pocos viejos republicanos izamos la bandera tricolor en el Ayuntamiento de Segovia! (...) Con las primeras hojas de los chopos y las últimas flores de los almendros, la primavera traía a nuestra república de la mano.".
Antonio Machado
Madrid republican.
En octubre de 1931 la República le concedió a Machado, por fin, una cátedra de francés en Madrid, donde a partir de 1932 pudo vivir de nuevo en compañía de su familia (su madre, su hermano José, mujer e hijas). En la capital, el poeta continuó viéndose en secreto con la inspiradora de Guiomar y estrenando las comedias escritas con Manuel.
En una Orden gubernamental de 19 de marzo de 1932, a petición del secretario del Patronato de las Misiones Pedagógicas, se autoriza a Machado a residir en Madrid "para la organización del Teatro popular".
Durante los siguientes años, Machado escribió menos poesía pero aumentó su producción en prosa, publicando con frecuencia en el Diario de Madrid y El Sol y perfilando definitivamente a sus dos apócrifos, los pensadores (y cómo Machado, poetas y maestros) Juan de Mairena y Abel Martín.
En 1935, Machado se trasladó del Instituto Calderón de la Barca al Cervantes. Días antes, el 1 de septiembre había muerto su maestro Cossío, poco después de haberse reunido con él en su retiro de la Sierra de Guadarrama y en compañía de otros institucioncitas, Ángel Llorca y Luis Álvarez Santullano. Las pérdidas se acumulan: el 5 de enero muere Valle-Inclán y el 9 de abril un olvidado Francisco Villaespesa...el desfile de la muerte se había adelantado.
La Guerra Civil.
Casi desde los primeros días de la guerra, Madrid, ya convulsionada desde los últimos estertores del Bienio Negro, se convirtió en un campo abonado para las privaciones y la muerte. La Alianza de Intelectuales decidió, entre otras muchas medidas de emergencia, evacuar a zonas más seguras a una serie de escritores y artistas, Machado entre ellos (por su edad avanzada y por su significación). La oferta, un día de noviembre de 1936, la presentan en el domicilio del poeta, otros dos ilustres colegas: Rafael Alberti y León Felipe. Machado, "concentrado y triste" -según evocaría luego Alberti- se resistía a marchar. Fue necesaria una segunda visita con mayor insistencia y a condición de que sus hermanos Joaquín y José, con sus familias, le acompañasen junto con su madre.
En Rocafort.
Publicación en portada del diario La Vanguardia del viernes 16 de julio de 1937: "El poeta y el pueblo", discurso de Antonio Machado para el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura organizado por la Alianza de Intelectuales Antifascistas y celebrado en Valencia.
Machado y su familia, tras ser acogidos provisionalmente en la Casa de la Cultura de Valencia, se instalaron en la localidad de Rocafort desde finales de noviembre de 1936 hasta abril de 1938, fecha en que fueron evacuados a Barcelona. Durante su estancia valenciana, el poeta, a pesar del progresivo deterioro de su salud, escribió sin descanso comentarios, artículos, análisis, poemas y discursos (como el que pronunció para las Juventudes Socialistas Unificadas, en una plaza pública de Valencia ante una audiencia multitudinaria), y asistió al II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura organizado por la Alianza de Intelectuales Antifascistas y celebrado en la capital valenciana, donde leyó su reflexión titulada "El poeta y el pueblo".
En 1937 publicó La guerra, con ilustraciones de su hermano menor José Machado. De entre sus últimos escritos, obra de compromiso histórico y testimonial, destacan textos de hondura estremecedora, como la elegía dedicada a Federico García Lorca: El crimen fue en Granada.
Escala en Barcelona.
Ante el peligro de que Valencia quede aislada, los Machado se trasladaron a Barcelona, donde tras un hospedaje provisional en el Hotel Majestic, ocuparon la finca de "Torre Castañer", abandonada por la duquesa de Moragas. El lujo del lugar contrasta con las miserias de la guerra: no hay carbón para las estufas, ni tabaco (imprescindible para Machado), ni apenas alimentos. Allí permanecieron desde finales de mayo del 1938 hasta los primeros días del siguiente año.
Exilio y muerte.
El 22 de enero de 1939, y ante la inminente ocupación de la ciudad, el poeta y su familia salieron de Barcelona en un vehículo de la Dirección de Sanidad conseguido por el doctor José Puche Álvarez; les acompañan, entre otros amigos, el filósofo Joaquín Xirau, el filólogo Tomás Navarro Tomás, el humanista catalán Carlos Riba, el novelista Corpus Barga y una interminable caravana de cientos de miles de españoles anónimos huyendo de su patria.
Tras una última noche en suelo español, en Viladasens, las cuarenta personas que componían el grupo cubrió el último tramo hacia el exilio. Apenas a medio kilómetro de la frontera con Francia, tuvieron que abandonar los coches de Sanidad, embotellados en el colapso de la huida. Allí quedaron también sus maletas, al pie de la larga cuesta que hubo que recorrer bajo la lluvia y el frío del atardecer hasta la aduana francesa, que sólo gracias a las gestiones de Corpus Barga (que disponía de un permiso de residencia en Francia) pudieron superar. Unos coches les llevaron hasta la estación ferroviaria de Cerbère, donde gracias a las influencias de Xirau se les permitió pasar la noche en un vagón estacionado en vía muerta.
A la mañana siguiente, con la ayuda de Navarro Tomás y Corpus Barga, se trasladaron en tren hasta Colliure (Francia), donde el grupo encontró albergue en la tarde del día 28 de enero, en el Hotel Bougnol-Quintana. Allí quedaron a la espera de una ayuda que no llegaría a tiempo.
Tumba de Antonio Machado y su madre, Ana Ruiz, en el cementerio de Colliure (Francia).
Antonio Machado murió a las tres y media de la tarde del 22 de febrero de 1939, Miércoles de Ceniza.
José Machado relataría luego que, su madre, saliendo por unos instantes del estado de semi-inconsciencia en el que la habían sumido las penalidades del viaje, al ver vacía la cama de su hijo, junto a la suya, preguntó por él con ansiedad. No creyó las piadosas mentiras que le dijeron y comenzó a llorar. Murió el 25 de febrero a los 85 años de edad, cumpliendo la promesa hecha en voz alta en Rocafort: "Estoy dispuesta a vivir tanto como mi hijo Antonio". Ana Ruiz, fue enterrada junto a su hijo en el nicho cedido por una vecina de Colliure, en el pequeño cementerio de la localidad francesa donde reposan sus restos desde entonces.
"Late, corazón... No todos se lo ha tragado la tierra."Con fecha de 5 de mayo de 1941, Antonio Machado fue expulsado «post mortem» del cuerpo de catedráticos de Instituto. Hubo que esperar hasta 1981 para que fuera rehabilitado (con la misma fórmula) como profesor del instituto Cervantes de Madrid, por orden ministerial de un gobierno democrático.
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lunes, 25 de noviembre de 2013
VISITA AL DÓLMEN DE LA PASTORA EN VALENCINA DE LA CONCEPCIÓN.
EL PASADO DÍA 8 DE NOVIEMBRE, UN GRUPO DE ALUMNOS DEL AULA ABIERTA DE MAYORES DE GINES, VISITAMOS, JUNTO A NUESTRAS PROFESORAS CONCEP Y SOLE, EL DÓLMEN DE LA PASTORA DE VALENCINA DE LA CONCEPCIÓN.
FUE UNA EXPERIENCIA MUY INTERESANTE Y MARAVILLOSA, YA QUE PENETRAMOS EN EL INTERIOR DEL DÓLMEN Y PUDIMOS COMPROBAR CÓMO ERAN LOS ENTERRAMIENTOS DE LA ÉPOCA MEGALÍTICA.
YACIMIENTO PREHISTORÍCO DE VALENCINA DE LA CONCEPCIÓN.
EN EL EXTREMO NORTE DE LA CORNISA DEL ALJARAFE Y ASOMANDO A LA VEGA DEL RÍO GUADALQUIVIR SE LOCALIZA UN EXTENSO YACIMIENTO ARQUEOLÓGICO CORRESPONDIENTE A LA EDAD DEL COBRE Y EL BRONCE ANTIGUO CONSIDERADO COMO VERDADERO NÚCLEO CAPITAL DE SU ÉPOCA.
LA IMPORTANCIA DE ESTE VALIOSO PATRIMONIO CULTURAL SE SUBRAYA POR LOS MAGNÍIFICOS MONUMENTOS FUNENARIOS CONSERVADOS (DÓLMENES), POR LAS CONSTRUCCIONES VINCULADAS A LAS ACTIVIDADES COTIDIANAS DE SUS HABITANTES (CABAÑA, SILOS, FOSOS, ETC.) Y POR LOS OBJETOS ÚTILES ASOCIADOS, QUE NOS ACERCAN A LA VIDA DE UNOS HOMBRES Y AL PAISAJE DE HACE UNOS 4.000 AÑOS.
EN VALENCINA SE CONOCE UN IMPORTANTE CONJUNTO MEGALÍTICO DE CONSTRUCCIONES DEFINIDAS COMO THOLOI. SE TRATA DE RECINTOS FUNERARIOS DE DISTINTAS DIMENSIONES, REALIZADOS PARA ACOGER A VARIOS DIFUNTOS QUE SE DISPONEN TANTO EN LA CÁMARA COMO EN EL CORREDOR DE ESTAS TUMBAS COLECTIVAS.
DE ENTRE ELLOS RESALTAN POR SU SINGULARIDAD ALGUNOS MONUMENTOS QUE DESTACAN EN EL PAISAJE POR LA PRESENCIA DE CÚSPIDES DEL TERRENO (TÚMULOS) QUE CUBREN ESTRUCTURAS DE VARIAS DECENAS DE METROS, COMO POR EJEMPLO LA PASTORA, MATARRUBILLA, ONTIVEROS O MONTELIRIO.
DÓLMEN DE LA PASTORA
POSEE UN CORREDOR DE MÁS DE 46 METROS DE LONGUITUD
DESCUBIERTO EN1.860. SE TRATA DE UN THOLOS DE LARGO CORREDOR Y CÁMARA CIRCULAR AL FONDO. LA CUBIERTA Y EL SUELO SE REALIZAN CON GRANDES LOSAS, MIENTRAS QUE LAS PAREDES SON DE LAJAS DE PIZARRA QUE EN LA CÁMARA CONFORMAN UNA FALSA CÚPULA POR APROXIMACIÓN DE HILADAS.
EL CORREDOR SE DIVIDE EN TRES TRAMOS SEPARADOS ENTRE SI POR LOSAS SOBRESALIENTES A MODO DE PUERTAS. EL TRAMO INICIAL SE HA CONSERVADO DEFICIENTE HABIENDO DESAPARECIDO LA CUBIERTA Y PARTE DE LOS MUROS LATERALES.
LA ORIENTACIÓN DE SU ENTRADA MIRANDO HACIA PONIENTE ES DISTINTA AL RESTO DE MEGALITOS ANDALUCES CON ACCESO DESDE LEVANTE.
DÓLMEN DE MATARRUBILLA
SE DESCUBRIÓ EN 1.917 EN UNOS TERRENOS EN LOS QUE SE APRECIABA UNA GRAN LOSA GRANÍTICA FRAGMENTADA CORRESPONDIENTE A LA CUBIERTA DE LA CÁMARA SEPULCRAL.
UNA GRAN PIEDRA CON ENTALLADURAS LATERALES DA PASO AL INICIO DE LA CONSTRUCCIÓN QUE SE REALIZÓ CON PAREDES DE MAMPUESTOS DE PIEDRA Y CAPAS DE ARCILLA AMASADA. LA CUBIERTA SE REALIZA CON GRANDES LOSAS DE PIEDRA Y EL SUELO ES DE TIERRA APISONADA. EN EL INTERIOR DE LA CÁMARA RESALTA LA PRESENCIA DE UN GRAN MONOLITO DE FORMA CUADRANGULAR CON ENTALLADURA CENTRAL QUE SE HA INTERPRETADO COMO ALTAR O MESA DE OFRENDAS. LA PRIMITIVA FISONOMÍA DEL MONUMENTO HA PODIDO RECUPERARSE AL CONSOLIDARSE Y RECOSTRUIRSE BUENA PARTE DEL CORREDOR.
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